No permitas que los de siempre te cuenten bulos, te desorienten o te amedrenten. Twitter no es sólo el microblog por antonomasia sino una plataforma sin parangón que ofrece unas excepcionales oportunidades de comunicación, marketing, relaciones públicas y muchos otros aspectos de vital interés para individuos y organizaciones; amén de constituir un hervidero en constante ebullición de ideas y uno de los mejores termómetros del estado de la opinión pública (al menos la ya digitalizada) con los que contamos a día de hoy. Claro que hay trolls, sectarios e indeseables como en cualquier comunidad humana: pero constituyen una minúscula aunque ruidosa minoría más que compensada por los miles y miles de personas que aportamos valor, compartimos conocimientos, dialogamos, escuchamos, aprendemos, enseñamos y formamos parte de una de las comunidades digitales más relevantes que jamás hayan existido.
Respetando el derecho de aquellos que deciden darle la espalda por motivos varios (y el desconocimiento y la animadversión a lo tecnológico suelen figurar en lo más alto de esa lista), para muchos de nosotros Twitter constituye un elemento irrenunciable de nuestras vidas que nos proporciona información en ocasiones valiosísima y sin el filtro distorsionador de algunos medios, además de diversión, networking de calidad, la posibilidad de expresarnos tanto en serio como en broma y de contar con una vía de comunicación privilegiada con – y escuchar y ser escuchados por – aquellos que nos importan. ¿Y qué diremos de tantos y tantos a los que probablemente nunca habríamos conocido por ningún otro canal y que hoy forman parte de nuestra comunidad de compañeros y amigos?
De todo ello, te doy fe: no sé me caen los anillos al confesar que una parte importantísima de mi éxito se ha debido a un uso estratégico e intensivo de Twitter que me ha permitido alcanzar y superar algunos de mis objetivos más ambiciosos con el mínimo prespuesto. Es precisamente lo mucho que Twitter me ha dado lo que me ha impulsado a co-escribir ‘De Twitter al Cielo‘ y a detallar ocho de los pasos más importantes que todos hemos de tomar para llegar a las alturas en el social media del simpático pajarito azul.

Imagen de 'De Twitter al Cielo', capítulo de Daniel Iglesias @soyunamarca
1. Separa el uso personal del uso estratégico. Los dos son perfectamente legítimos, pero si deseas obtener objetivos de marketing o un puesto de trabajo debes tener claro las pautas, normas y conductas que cada uno de estos usos nos requiere. El equivocarlos es un error garrafal.
2. Preséntate de una forma atractiva y atrayente. Desde la configuración de tu mensaje de perfil hasta tu foto y tu fondo, tu Twitter debe desprender una imagen que refleje tu idiosincrasia, valores y estilo de la mejor forma posible para tu target (que puede ser radicalmente diferente dependiendo de su edad, nivel socioeconómico, etc.)
3. Utiliza la tecnología móvil. No seas una tuitera comodona de salón y PC y tuitea con cierta frecuencia desde tus dispositivos móviles y en tiempo real. Ganarás frescura, imaginación y espontaneidad.
4. Aléjate de los adalides de la negatividad. Es cierto que vivimos en una sociedad plagada de problemas y desafíos en todos los órdenes, pero créeme que nuestros abuelos no lo tuvieron precisamente mejor. Como decía Borges, a todos los hombres nos toca en cierto sentido vivir ‘malos tiempos’. Quéjate y protesta cuando proceda pero que tu cuenta no sé convierta en vocera exclusiva de lo negativo si no quieres atraer esas mismas vibraciones.
5. Cultiva contactos y relaciones de calidad. Nuestro éxito siempre proviene de los demás, y el conseguir contactos estratégicos y practicar un networking activo en Twitter te acerca más y más a tus objetivos. Un contacto es un tesoro: mímalo como tal.
6. Organiza tu tuitosfera. Las listas en Twitter fueron creadas precisamente con ese fin, y es imprescindible el ponerlas a buen uso sobre todo para cuentas de un cierto tamaño. Lo mismo podemos decir de interfaces como Hootsuite o Tweetdeck que facilitan enormemente la gestión más rápida y más cómoda de Twitter al igual que SocialBro, etc..
7. Evita ser monotemático y consume/ofrece una dieta variada y equilibrada de tuits. En otras palabras: tuitea mucho y bien, tuitorrea sólo muy de vez en cuando y demuestra que tienes múltiples intereses y talentos aunque te centres en un abanico de temas de tu especialidad.
8. Disfruta y diviértete con Twitter. Aún en casos de estrategia pura y dura, tu experiencia y la de tu target será infinitamente mejor si disfrutas y te lo pasas bien en el proceso y añades dosis periódicas de buen humor, de entusiasmo y de ganas. Ese y no otro es el secreto.
Lo confieso: soy un apasionado de Twitter y te hablo como tal. Pero no te lleves a engaño: Twitter puede ser la llave maestra que abra puertas que conducen directamente a tus objetivos más preciados aunque seas mucho más pragmática y tu nivel de entusiasmo no se acerque al mío. Sólo te pido una cosa: descubre por ti misma si es posible llegar ‘De Twitter al Cielo’ tal y como te cuento en mi libro y – si ese es el caso – cuéntanos cómo lo has hecho. Todos aprendemos de todos en nuestro camino hacia ese firmamento azul en el que nuestros sueños se pueden hacer y se hacen realidad.
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Mucho se ha hablado desde el sustancial empeoramiento de la situación sociopolítica y económica de nuestro país de la crisis de la marca ‘España’. Los menos avezados parecen preocuparse exclusivamente de los efectos de cara al exterior del deterioro de nuestro branding, y al así hacerlo obvian las graves consecuencias de la progresiva erosión que a todas luces lleva produciéndose de puertas adentro desde hace bastante tiempo y cuyas raíces son sin duda menos coyunturales y mucho más profundas.
Y es que el problema de la marca España existía bien antes de la crisis financiera y sus terribles efectos colaterales y es una desagradable y poco mitigada consecuencia de los vaivenes de los dos últimos siglos de nuestra ajetreada y dramática historia y específicamente de los errores de la Transición pactada entre el franquismo y los partidos políticos opositores que desembocó en el régimen constitucional del 78 por el que seguimos regidos hasta la fecha. Estos errores, desaciertos y falta de valentía y de visión políticas se han materializado en una marca que sigue alienando a importantes sectores de la población, al contrario que ocurre en países en los que nos podríamos mirar como espejo con fines comparativos; y me refiero no sólo a Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos sino incluso a Irlanda, Portugal y otras naciones o federaciones nacionales que gozan de un branding coherente, consistente y a todas luces popular independientemente de los devenires de la economía.
Las razones del fracaso de base del branding ‘España’ ponen de relieve una vez más la importancia de la simbología y de los aspectos audiovisuales, estéticos y emocionales de toda marca. A ello se le unen dos otros elementos de importancia capital que hemos tratado en nuestro nuevo libro De Twitter al Cielo: el de la marca personal o personal branding de individuos clave íntimamente relacionados con la misma y el de la (falta de) un storytelling o narrativa adecuados que sinteticen un mensaje identificativo con el estilo y los valores de los que la sustentan. Y es precisamente ese cúmulo de errores lo que invita a pensar que la marca España nunca conseguirá establecerse con el mismo grado de aceptación y éxito que las otras marcas nacionales mencionadas hasta que éstos no sean resueltos con audacia y determinación.

- Dos banderas del Estado: la actual y la de la República. Fuente: ‘Banderas con Historia’
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Examinemos a continuación tres de las razones fundamentales que se han convertido en fuente más o menos constante de controversia por donde el branding de España hace aguas. Como veremos, las tres poseen un carácter permanente que opera como lastre para una mejora o adecuación de nuestro branding que actuara como acicate de nuestra marca, entusiasmara a una amplia mayoría de los españoles y no se convirtiera en caballo de batalla permanente entre las diversas facciones y sensibilidades políticas de aquello que con mucha inteligencia los antiguos llamaron ‘las Españas’.
1) El Jefe del Estado. Incluso los más acérrimos defensores de la monarquía como sistema de gobierno concederán que ésta en España pasa por sus horas más bajas. Nuestro actual jefe del Estado no es otro que Juan Carlos de Borbón y Borbón, a quien el general Franco nombrara ‘Príncipe de España’ y su sucesor por la Ley de Sucesión de 1941 ratificada en 1969 por las cortes franquistas. Este acto fue en sí mismo una arbitrariedad del anterior jefe del Estado, ya que la sucesión de la Corona española correspondía legítimamente al que fuera padre del actual monarca Don Juan de Borbón. Aunque es cierto que la monarquía fue refrendada por la Constitución del 78 en las anómalas circunstancias en las que ésta fue propuesta al pueblo español, lo es también que éste último nunca ha podido pronunciarse libremente en referéndum sobre el modelo de Estado – monarquía o república – y mucho menos sobre la sucesión del rey por sus herederos ad aeternitatem. La realidad incuestionable es que la jefatura del Estado sigue ocupada por la persona que fuera en su día elegida, educada y formada a tal efecto por el dictador Francisco Franco.
Nunca ha estado tan en entredicho la figura del monarca, y dadas las circunstancias esto no es ni mucho menos de extrañar. No se conoce con exactitud la fortuna personal del rey Juan Carlos debido a la opacidad que ha rodeado hasta el presente las cuentas de la Casa Real, aunque cifras recientemente publicadas han revelado que heredó más de 375 millones de las antiguas pesetas de su padre que aparentemente han permanecido hasta el momento en una cuenta en Suiza. Parece darse por supuesto que el Rey debe ser católico, acentuando así la falta de laicidad y separación de la Iglesia y el Estado de nuestro actual régimen político. Su andadura en la jefatura del estado ha tenido sin duda momentos brillantes, aunque de un tiempo a esta parte su popularidad ha caído en picado a tenor de todas las encuestas. Este último año ha sido definido como un ‘annus horribilis’ para la monarquía española debido a los escándalos provocados por la ignominiosa foto del rey de cacería de elefantes en Africa (foto que supuso su primera disculpa pública conocida), las revelaciones de su ‘amiga entrañable‘ la princesa Corina y el escándalo de corrupción por el caso Nóos por el que su hija la infanta Cristina y su yerno Iñaki Urdangarín se hallan actualmente imputados.
Las pitadas y abucheos masivos al rey parecen haberse hecho habituales en actos deportivos y políticos – algo sin parangón entre los jefes de estado occidentales actuales – y no hay duda de que la crisis institucional que vivimos tiene su encarnación y reflejo en la crisis de imagen, branding y de legitimidad del primer y más alto representante de nuestro maltrecho Estado.
2) El Himno Nacional. El himno es el elemento narrativo, musical y emocional por excelencia de toda nación que lo posea; siempre claro está que su historia, los valores que éste refleja y su valor representativo esté acorde con lo que pretende representar. Con la notable excepción del Reino Unido, los himnos patrióticos más celebrados de las democracias modernas – como el Star Spangled Banner en EEUU o La Marsellesa en Francia y otros que podríamos traer a colación – hacen referencia a la lucha contra la tiranía y por la libertad de sus respectivos pueblos, se pueden cantar y consiguen convertirse a todos los niveles en emotiva tarjeta de presentación.
España sólo ha tenido en su historia un himno que responda a éstas características: el himno de Riego, que cantaban las columnas del general sublevado cuando este reclamara al rey absolutista Fernando VII la aplicación de la primera Constitución democrática de nuestro país – la ‘Pepa’ – y que fuera adoptado como himno nacional en todos los períodos democráticos que España ha conocido. Fue prohibido por Francisco Franco tras alzarse vencedor en la Guerra Civil, y en su lugar re-introducida la Marcha Real o himno tradicional de la monarquía española. La Constitución del 78 optó de nuevo por mantener la herencia franquista y refrendó el uso de la Marcha Real, que ha llegado hasta nuestros días como un elemento simbólico que muchos españoles no sienten como propio y con un permanente ‘defecto de fábrica’ dada su total falta de legitimidad democrática. Una vez más, nos hemos acostumbrado a las pitadas al himno en los eventos deportivos, sobre todo aquellos que incluyen a los más desafectos como los equipos de vascos y catalanes.
3) La enseña nacional o bandera. A estas alturas poco sorprenderá si informo al lector que, una vez más, la falta de imaginación de los padres constituyentes (como bien ha señalado el historiador Javier Tusell) se tradujo en la asunción de la bandera nacional tal y como ésta figuraba en el franquismo, con la importante salvedad de que el escudo fue alterado con la supresión del águila imperial, el yugo y las flechas. No creo que siquiera hubiera un intento no ya por volver a la bandera tricolor republicana que por primera vez se izara en Eibar en 1931, sino por inventar otro símbolo (tal y como por ejemplo se hizo con la Union Jack británica al unirse los reinos de Escocia e Inglaterra) que marcara un antes y un después y que simbolizara la nueva realidad democrática de España y la reconciliación de los españoles tras la dictadura franquista.
La bandera es por así decirlo el logotipo de la marca España, y el que ésta no sea percibida por muchos como un símbolo neutro sino como un arma arrojadiza de unos contra otros identificada en la psique colectiva con una determinada orientación política tiene efectos perniciosos para la marca España. Invito al lector a que compare la situación de España en este sentido con la de EEUU, en la que norteamericanos de toda clase social, edad o ideología se identifican con su bandera y la usan en todo tipo de contextos con orgullo y sin miramientos. ¿Se imaginan a un Bruce Springsteen español luciendo la actual bandera de España en su chupa de cuero tocando la guitarra eléctrica? Yo tampoco. Aquí eso sólo parecen hacerlo los Torrentes y oros personajes que sólo buscan provocar nuestra hilaridad cuando no los gritos de ‘facha’ y otras lindezas por el estilo.
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La tan cacareada crisis de la marca ‘España’ no es consecuencia de la crisis económica: hunde sus raíces en las heridas provocadas por nuestra sangrienta guerra civil y en la no superación de la herencia franquista como mínimo en lo que a simbología se refiere. Únanle a ello la falta de una narrativa o storytelling coherente de la realidad nacional de España y los valores que la sustentan y la debilidad más o menos permanente del personal branding del jefe del Estado y poco nos puede sorprender que España sea a día de hoy el estado más débil (junto con Bélgica, aunque por razones radicalmente diferentes) de Europa Occidental, como manifiesta sin ambages el deseo cada vez más mayoritorio en comunidades como Cataluña o el País Vasco de crear estados propios por no decir el hecho insólito de que regiones como Andalucía se hayan proclamado ‘realidades nacionales’.
¿La solución? Puede que sólo una refundación del Estado y una segunda Transición emprendida por una nueva generación de españoles consiga hacer de este maravilloso país una tierra de oportunidad fundada en valores sólidos, democráticos y compartidos por el máximo número posible de ciudadanos. Valores que se transmitan con una nueva simbología que recoja lo mejor de nuestra tradición democrática así como una profunda creatividad para expresar la realidad de las Españas en el siglo XXI. Sólo nos queda soñar con una renovada ‘marca España’ que nunca más se convierta en un factor de división y sí en un reflejo de lo que somos y lo que esperamos llegar a ser. Ojalá que así sea.
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Las promociones en Facebook – promociones que pueden ir desde sorteos a concursos pasando por otras opciones – son sin duda una de las formas más inteligentes y hasta divertidas de conseguir un mayor ‘engagement’ o ‘involucramiento’ con nuestra comunidad de seguidores, al mismo tiempo que de aumentar el número de fans y publicitar un determinado producto o servicio. Pero no todo es de color de rosa: Facebook tiene unas normas bastante estrictas en lo referente a las promociones, y el ejecutarlas sin tener muy claras cuáles son esas normas y sin las aplicaciones adecuadas puede provocar un aluvión de problemas técnicos y legales que puede conducir en los peores casos hasta el cierre sin previo aviso (¡atención marcas y Pymes!) de nuestra cuenta por saltarnos las reglas consciente o inconscientemente.
A raíz de la publicación de nuestro nuevo libro ‘De Twitter al Cielo‘ en formato digital o EBook la semana pasada, Antavo se ofreció muy amablemente a dejarnos probar su suite de aplicaciones especializadas de forma totalmente gratuita (esta opción siempre está disponible) aunque sin límite de participantes (para las cuentas gratis, el límite es 50) para el sorteo de lanzamiento en una de mis páginas en Facebook. Tenía buenas referencias de Antavo gracias al post que publicara nuestro querido Juan Merodio el año pasado y que sirvió como tarjeta de presentación a la empresa británica en nuestro país. Pero no cabe duda de que la teoría es bastante diferente a la práctica, y al final es sólo ésta última la que nos demuestra la excelencia técnica de un programa o aplicación. Después de la experiencia adquirida la semana pasada, puedo finalmente emitir un veredicto sobre Antavo y la viabilidad de su propuesta.

Antavo: para Facebook, Webs y móviles
No cabe duda de que los creadores de Antavo (cuyas oficinas se encuentran bastante cerca de donde trabajé en la City de Londres) han pensado a conciencia en las múltiples variaciones y permutaciones de las promociones en Facebook, y han creado una aplicación que tiene en cuenta todas ellas de una forma cuasi enciclopédica que satisfará a los más exigentes. Por decirlo de otra manera, todos los elementos necesarios para crear una promoción ganadora han sido sistemáticamente incluidos tanto a nivel de opciones como de los pasos necesarios para crear un sorteo y gestionarlo en todas sus fases ante, durante y después. En el proceso, me he encontrado en todo momento con una aplicación robusta técnicamente, fácilmente configurable y que asegura una importante tasa de conversión a pesar de no haber realizado una importante labor de promoción previa para el caso citado de prueba. Con todo y con ello – y tal y como muestra el gráfico de abajo – los resultados obtenidos no son nada desdeñables, especialmente si tenemos en cuenta que se han generado un número considerable de nuevos fans para la página.

Embudo de conversión de nuestra promoción con Antavo
Me gustaría especialmente destacar para las marcas comerciales el hecho de que Antavo está perfectamente integrado con dispositivos móviles y que nos permite exportar la lista final de participantes en la promoción a una base de datos de nuestra elección junto con sus correos electrónicos, ofreciéndonos así la oportunidad de contactarles a posteriori para nuevas promociones y ofertas, etc. La viralización de la iniciativa queda asegurada ya que la propia aplicación requiere la emisión de un tweet o un ‘update’ de Facebook al registrarse, a la vez que el unirse como fan a la página para participar en la promoción o sorteo. Aunque la traducción al castellano no sea ni mucho menos perfecta, es lo suficientemente buena para comprender en todo momento el sentido de lo que está ocurriendo y de la información requerida (que es configurable por nosotros).
Se ha repetido hasta la saciedad que la calidad hay que pagarla, e Internet no es desde luego una excepción. La suite de apps de Antavo no es ni mucho menos barata, pero después de la más que satisfactoria experiencia de la semana pasada no me cabe duda de que es una de las mejores para desempeñar a la perfección el propósito para el que fue creada. Hoy por hoy, no creo exagerar si la defino como la reina de las aplicaciones promocionales en Facebook. con más de 8.000 clientes de todo tipo a sus espaldas. Mi consejo es, por lo tanto, que para todas aquellas personas o marcas para las que Facebook sea un elemento fundamental de su estrategia, la inversión merecerá sin duda la pena. Mi agradecimiento al equipo de Antavo y… ¡larga vida a la reina!
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Estamos tan acostumbrados a leer historias de éxito en los social media que olvidamos que la mayoría de personas que intenta utilizarlos para conseguir algún objetivo como promocionarse, obtener un puesto de trabajo o alcanzar el estatus de referente o experto (por citar sólo algunos) cosechan en ocasiones sonoros y en otras sordos fracasos. Al fin y al cabo, si hasta el propio Facebook con los inmensos medios de los que dispone no es capaz de sacar adelante muchas de sus iniciativas alterando los parámetros de su propia red para su beneficio, no es de extrañar que el común de los mortales dadas nuestras limitaciones se las vea y se las desee para hacer todo aquello que vaya más allá de comunicarse con amigos, vecinos y familiares o lo que podríamos describir como un uso recreativo de los mismos.
Y no cabe duda de que muchos ni siquiera lo intentan: un somero escaneo de Twitter nos convencerá de que la inmensa mayoría de las cuentas que nos encontramos en el microblog no han sido abiertas para ningún otro fin más que para estar en contacto por vía digital con el círculo de amigotes, estar al tanto de lo que ocurre en nuestro barrio, pueblo o ciudad cuando no para cantar las bondades de nuestro equipo de fútbol del alma o airear a diestro y siniestro nuestras ideas y afinidades políticas, musicales, religiosas, de moda y un larguísimo etcétera de un interés bien limitado. Y me apresuro a indicar que no hay absolutamente nada malo en ello… hasta el momento claro está en el que surge el deseo o la necesidad de usar los social media para algo más concreto, práctico y beneficioso. Es entonces cuando lo que hasta el momento había sido diversión se convierte rápidamente en frustración, muchos se ven por primera vez obligados a salir de su ‘círculo de comfort’ y nadie parece ya reirles las gracias, estar dispuestos a escucharles y no digamos nada ayudarles o apoyarles activamente para conseguir los objetivos que se han marcado.

Imagen: Flickr
Casi todos los profesionales de Internet y las redes sociales hemos pasado por esta escena: cuando hemos propuesto al director/a de una Pyme una estrategia de social media marketing bien planteada (como las que nos recomiendan María Redondo y Pedro Rojas en su excelente nuevo libro a tal efecto), la respuesta que hemos obtenido ha sido: ‘eso yo se lo dejo a mi sobrino/hijo/primo/nieto que está todo el día en Facebook y sabe mucho de eso’. Esa misma y ridícula ofuscación es la que muestran aquellos que pretenden obtener objetivos de comunicación, marketing y branding de los social media con un uso y una estrategia personal y no profesional. Ese y no otro es el gran secreto del fracaso en los medios y redes sociales: el no comprender la (en ocasiones) radical diferencia entre un uso personal y uno ‘profesional’ de los mismos, y el obviar que el segundo requiere de tácticas, técnicas, conductas, pautas y estrategias a menudo radicalmente diferentes del primero.
En nuestro próximo libro ‘De Twitter al Cielo‘ ofrezco cuatro de los principios fundamentales del éxito para todo individuo que desee contar con una presencia estratégica y centrada en objetivos en los social media. Atención: el orden no significa que el principio 1 preceda al principio 4 cronológicamente: de hecho, los cuatro suelen ocurrir simultáneamente y se refuerzan mutuamente en un círculo virtuoso que no vicioso. Jamás he encontrado un caso de mérito que no los haya aplicado y todas y cada una de las personas que he conocido que han cosechado grandes éxitos online los han llevado a la práctica. ¡Conviértete en un experto en estos cuatro principios y las oportunidades llamarán a tu puerta! ¡Ponlos a prueba y verás!
Principio #1: Ganar contactos estratégicos (lo que también se conoce como ‘networking’)
Principio #2: Transmitir una imagen atractiva y atrayente que refleje nuestros valores y estilo
Principio #3: Establecer nuestra credibilidad
Principio #4: Generar entusiasmo en torno a nosotros y nuestros proyectos
El creer que una presencia en los social media concebida para un uso meramente personal va a catapultarnos por sí sola hacia la consecución de nuestros objetivos el día que decidamos variar el rumbo de nuestra interacción es tan pueril como el creer que nuestro utilitario va a ganar un rally si un día queremos llevarnos una copa a casa. La moraleja está clara: si pretendes algo más en este fascinante mundo digital debes construir una presencia estratégica guiada por criterios de marketing personal y sus cuatro principios. Y esto afectará irremisiblemente a la forma en la que te presentas (¡atención a la estética!), comunicas, interactuas y te relacionas por vía digital.
El realizar una apuesta por un uso que podríamos calificar como ‘profesional’ de los social media en vez de uno meramente personal – o alternativamente optar por el denominado ‘uso mixto’ – es la condición sine qua non de todo aquel que busque sacar rédito a su tiempo y esfuerzo online. Paradójicamente, esos usos resultan a veces tan entretenidos y divertidos que los de aquellos sin más pretensiones que las de pasar el tiempo y comunicarse por otros canales. Existe todo un abanico de opciones que no nos tiene por qué hace renunciar a un nivel óptimo de intimidad y privacidad en ciertas redes que queramos consagrar en exclusiva a nuestros amigos y familiares. La pelota está en nuestro tejado. Pero de lo que nunca nos debe caber duda es de que será sólo desde el deseo de aportar valor con nuestra presencia desde donde recogeremos esos frutos que buscamos. En otras palabras: no esperes recibir si no eres capaz de dar primero. ¿Estás dispuesto/a?
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Bienvenidos a un día normal en mi vida. Me levanto por la mañana, enciendo el PC y el Smartphone y compruebo si hay algún mensaje nuevo en mi ‘Inbox’. Siempre los hay, y entre ellos habitualmente uno o dos como mínimo de una agencia de relaciones públicas enviándome información sobre un evento/aplicación/programa/start-up/etc. con objeto de que me haga eco de ella en esta página o en las diferentes redes sociales en las que soy particularmente activo y la viralice. Los hay de todos los tipos y clases, aunque la mayoría sigue un patrón establecido y rara vez se salen de él (lo cual indudablemente resulta aburrido al cabo del tiempo).
En sí no hay nada malo en la labor de los profesionales de las RRPP al intentar llegar a los tuiteros y blogueros de cierta relevancia e influencia y ponerlos de su parte. Es más: como muy bien nos indicara ya hace unos años David Meerman Scott en su imprescindible Las nuevas reglas del marketing y he recalcado en este mismo espacio, el identificar a los influencers y conseguir que se conviertan en adalides y embajadores de nuestra causa es una de las políticas de comunicación y RRPP más inteligentes y efectivas en tiempo y dinero a corto, medio y largo plazo, como demuestran los éxitos de blogtrips como #ILoveMálaga y tantos otros que podríamos citar. Toda estrategia integrada de RRPP que no incluya un fuerte elemento digital y de outreach a influyentes está coja y demuestra una falta de comprensión de las nuevas reglas del juego que ha traído la Web 2.0 y que algunos siguen tristemente sin internalizar.
Precisamente por ello me apena constatar que la mayoría de los intentos de agencias y personas por ‘influirme’ y convertirme en promotor de su producto o marca fracasan debido a los errores de bulto que cometen y que disuaden a la mayoría de nosotros de tomar parte activa y realizar una apuesta por su propuesta. Basado en la experiencia de cientos y cientos de casos, estos son los siete errores más comunes que harán bien en evitar y en no replicar de forma constante y monótona.

Imagen: Flickr
Error #1 No haber construido una relación antes de realizar una petición. Es imprescindible en lo posible cultivar previamente una relación mutuamente beneficiosa con esa bloguera o influenciadora de la que un día tendrás necesidad. Lo contrario es una ‘puerta fría’ que más a menudo que no genera rechazo y la sensación de que uno está siendo utilizado como un kleenex de usar y tirar.
Error #2 No personalizar los mensajes. El enviar mensajes estandarizados a diestro y siniestro demuestra vagancia, falta de atención e interés y eleva exponencialmente las posibilidades de que el email en cuestión vaya derecho a la basura. Soy una persona: trátame como tal.
Error #3 No conocer a tu target. Aquellos que no se han molestado en investigar y estudiar a su target pierden tiempo y esfuerzo enviándonos información de campañas que simplemente no entran dentro de nuestros radares o coordenadas ni tienen que ver con nuestras áreas de interés. Realizar ese trabajo previo es fundamental para maximizar el rendimiento de la campaña de RRPP.
Error #4 Pedir que parece que des. Algunos de los mensajes más directos que muchos de nosotros recibimos y que incluyen peticiones específicas rozan en ocasiones lo insolente. ¿Por qué debo yo hacer algo por ti cuando tú eres incapaz de enviarme una muestra, ofrecerme una entrada gratis a tu evento, o tener otro tipo de consideración? Hay que establecer buena voluntad y reconocer la importancia del bloguero antes de realizar ningún tipo de petición especialmente cuando no ha mediado relación previa. La reciprocidad es indispensable.
Error #5 No ser honesto con la información aportada. Estoy seguro de que muchos startuperos, desarrolladores de aplicaciones y organizadores de eventos creen que su app, empresa o programa van a cambiar el panorama de los social media en los próximos 150 años. Mientras no hayas datos objetivos, sin embargo, el ofrecer información que sobredimensiona o infla artificialmente la importancia o relevancia de un producto o servicio no ayuda precisamente a su causa y nos pone a muchos en guardia sobre su interés e influencia real. Hay que saber presentar los beneficios que ofrece con los pies en el suelo y sin faltar nunca a la verdad.
Error #6 No hacer honor a la palabra dada. Si prometes regalos, entrevistas con el fundador o creador de la red social o cualquier otra cosa como gancho para que se haga campaña sobre el programa o aplicación en cuestión, has de hacer honor a esa promesa. Lo contrario te hará entrar en una lista negra (¡atención agencias de RRPP!) de la que es posible nunca salgas aunque nos contactes el día de mañana sobre una iniciativa diferente.
Error #7 Repetir hasta la saciedad y resultar aburrido. Repetir el mismo mensaje por diferentes vías no va a ayudar necesariamente tu causa. Si los primeros intentos no funcionan es que con toda probabilidad se han cometido alguno de los seis errores precedentes. También es posible que el mensaje resulte monótono, poco creativo o atractivo. En todo caso la lección es clara: hacer más de lo mismo no va a hacer que logres resultados y sí con toda probabilidad que aburras e incomodes a tu target.
Todos tenemos en ocasiones que hacer relaciones públicas y campañas de RRPP – a mí me va a tocar en breve con nuestro nuevo libro De Twitter al Cielo que saldrá a la venta el día 1 de Abril – pero hay formas y formas de hacerlas. Espero y deseo que esta compilación de los errores más habituales resulte de auténtica ayuda y os invito a señalar otros que os parecen dignos de inclusión en la sección de comentarios. Larga vida a las RRPP 2.0.
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