Retuitea, que algo queda: la gestión de los RTs en Twitter


Uno de los aspectos recurrentes del día a día de toda cuenta de Twitter es la gestión de los retuiteos, retweets o RTs. Esto es especialmente importante para todos aquellos que – al contrario que es mi caso – no generáis contenidos propios y por lo tanto hacéis RT en la mayoría de las ocasiones a contenidos ajenos. En multitud de plataformas y aplicaciones para Twitter como Hootsuite, Tweetdeck y otras se nos permite hacer RT insertando nuestros comentarios o modificando el tuit original, lo cual añade otra capa de complejidad a los RTs y su gestión.

Por si fuera poco, cada vez estamos más acostumbrados a leer tuits que incluyen al final la coletilla ‘Por favor RT’, sabiendo como sabemos gracias al trabajo de investigación de Dan Zarrella que eso en ocasiones multiplica hasta por cuatro el número de RTs como consecuencia. ¿Y qué diremos de aquellos (a veces desconocidos) que nos envían DMs o mensajes directos de sus contenidos con la esperanza de que los retuiteemos?

Una cuenta personal de uso estratégico que no retuitee con una cierta asiduidad hace saltar las alarmas, ya que muestra desdén por los contenidos ajenos o falta de interés en todo lo que no sea de su propia cosecha: ambas actitudes a evitar si queremos fomentar la socialización en uno de los medios como es Twitter más idóneos para este fin. En el otro extremo tenemos cuentas que sólo saben hacer RTs de forma repetitiva y casi industrial y que demuestran falta de iniciativa y de criterio propio. A ambos les formularíamos las siguientes preguntas:

- Si tu timeline se reduce al retuiteo constante de contenidos ajenos, ¿cuál es tu aportación?

- Si tu timeline se reduce al retuiteo de contenidos propios, ¿es para ti Twitter un simple ‘ego-trip’?

Un contenido retuiteado es un contenido viralizado. Por ello hemos de ser cuidadosos – sobre todo si no insertamos ningún comentario o aclaración – antes de retuitear y asegurarnos siempre de que lo hemos leído y hemos comprobado el enlace en cuestión. Jamás bajo ningún concepto retuitees un tuit que no has leído en su totalidad incluyendo su enlace. No será la primera ni la última vez en la que más de uno se lleva una amarga sorpresa cuando descubre que ha retuiteado y viralizado un contenido cuyo enlace no funciona, es erróneo o no tiene la calidad suficiente para merecer nuestro sello de aprobación. Y es que, a no ser que incluyamos un comentario o una aclaración, muchos RTs así serán interpretados por nuestra comunidad de seguidores.

Esta última práctica es sin duda recomendable en la mayoría de las ocasiones. Una simple pregunta, comentario o aclaración le da un toque personal al RT y manifiesta nuestra reacción ante el mismo. Para ello, y como muestra el ejemplo de abajo, es imprescindible que separemos de alguna manera nuestro comentario del RT (en este caso mediante —, aunque sin duda hay muchas otras formas perfectamente válidas de hacerlo).

Un RT con comentario

Como se desprende de este ejemplo – y a no ser que nos veamos obligados a ello por la falta de espacio – todo RT debe siempre respetar el tuit original en su integridad. Esto es importante, ya que modificaciones del mensaje inicial que hemos retuiteado pueden incitar al error o engaño y/o desvirtuarlo, lo cual casi siempre generará descontento si no protestas por parte del tuitero original.

El exigir o presionar para obtener RTs es una práctica tristemente habitual sobre todo por parte de aquellos cuyos contenidos no tienen mucho valor. Aunque la desaconseje y figure así en ‘los diez mandamiento de Twitter’, no cabe duda de que en ocasiones querremos atraer la atención de alguien que creemos tiene un interés específico y manifiesto en el contenido en cuestión. Si es así (y sólo si es así) procederá el enviar un mensaje privado o el añadir su nombre como mención al final del tuit en cuestión. En todo caso, esto ha de ser la excepción y nunca la norma. Creo que hablo en nombre de muchos cuando digo que me canso muy pronto de todos aquellos que cada vez que publican un contenido me envían un mensaje privado y rara vez los retuiteo, ya que eso no haría más que darles alas y premiar esa molesta práctica.

Por último, los retuits a nuestros contenidos hacen surgir otra comunidad aparte de la de los tuiteros a la que debemos prestar mucha atención: la de los retuiteros. Es muy importante conocerlos e identificarlos, ya que los retuiteros de tus contenidos pronto pueden convertirse en evangelistas de tu marca y contribuir decisivamente a la consecución de tus objetivos. El número de retuits o la falta de los mismos es sin duda uno de los baremos (entre otros muchos) de lo bien recibida que está siendo tu aportación y de la sintonía que existe entre tu producción de vídeos, posts, fotos, etc. y tus actuales contactos en Twitter. Escuchar a nuestra comunidad de seguidores es imprescindible para contrastar el éxito de nuestras iniciativas. Y, al igual que muchos compañeros, soy de la opinión que es bueno el agradecer los RTs que recibimos mediante mensaje directo o DM.

Al final, todo el debate en torno a los retuits se reduce a un sencillo principio: si ves un contenido/noticia de calidad o que por cualquier otro motivo te llama la atención en Twitter, retuitéalo y si es posible coméntalo. Al hacerlo, estarás contribuyendo a fomentar el debate y a que contenidos que en muchas ocasiones son gratuitos lleguen más lejos y sean beneficiosos para muchos. ¡Retuitea, que algo queda!

Sobre el Autor

Especialista en comunicación y marketing online y marca personal. Profesor de los Másters en Social Media y Community Manager de la Universidad Complutense y de la UNED y de la Escuela Universitaria del Real Madrid. Consultor en 'Soyunamarca'. Autor de 'De Twitter al cielo'. Aprendo, opino y comparto.