Cómo, cuándo y por qué bloquear cuentas en Twitter


En un mundo ideal la función de bloqueo de cuentas que nos ofrece Twitter resultaría innecesaria: todos seríamos respetuosos con nuestros vecinos, expresaríamos nuestra disconformidad de forma educada y elegante, los sectarios y los trolls no existirían, nadie bebería más de la cuenta, dispondríamos de la paciencia necesaria para lidiar con todos aquellos que nos insultan y desprecian, no habría neuróticos ni desequilibrados incapaces de dialogar y relacionarse normalmente con los demás en el microblog y al mirar por la ventana veríamos arco iris y unicornios flotando sobre un fondo rosa.

Desgraciadamente (y mal que nos pese) no ‘todo el mundo es bueno’ y los seres humanos en nuestro estadio evolutivo actual distamos mucho de ser perfectos. En Twitter – al igual que en cualquier otro foro o comunidad y como nos demostrará una reunión habitual de la Asociación de Vecinos – nos encontramos todo el catálogo de miserias y debilidades de nuestra especie y a veces las nuestras propias salen a relucir de forma desatada y beligerante: exabruptos, insultos, mensajes repetitivos y obsesivos, troleo, cyberbullying, condescendencia, exigencia reiterada de RTs y de aprobación, peticiones continuas, tuits racistas, homófobos y humillantes y un largo etcétera.

Es por ello que en ocasiones extremas nos veremos obligados a bloquear a ciertos usuarios que consideremos se han pasado definitivamente de la raya y con los que interpretemos que no podemos establecer ninguna relación en Twitter… y más allá. Digo más allá porque con toda probabilidad un bloqueo en Twitter será interpretado por la otra parte como un gesto hostil y resultará bastante difícil con ese precedente el establecer a posteriori una relación no ya virtual sino offline con el bloqueado. El bloqueo es una especie de punto final, y como todo punto final ha de ser meditado y nunca convertirse en una reacción espontánea, visceral y refleja ante aquellos que nos han soliviantado deliberadamente o no.

Imagen: Flickr

Es importante comprender en primer lugar qué es exactamente un bloqueo en Twitter. El bloqueo impide que los tuits que la otra persona dirija a nosotros mediante menciones nos lleguen e igualmente que nos pueda interpelar mediante DM o mensaje directo pero no que pueda seguir refiriéndose a nosotros en su timeline. El bloqueo es sin duda una medida extrema, y como tal debe ser empleada idealmente tras advertencias y sólo en situaciones en las que deseemos dar portazo definitivo al tuitero que nos incomoda. En el caso de que estuviéramos siguiendo a la persona u organización en cuestión, una medida intermedia es sin duda dejar de seguir su cuenta: medida que probablemente también se interpretará por la otra parte como un gesto poco amistoso aunque no quizás tan irreversible (el bloqueo, por supuesto, también es reversible y Twitter nos permite ‘desbloquear’ si así lo decidiéramos).

¿Cuándo debemos practicar el bloqueo? La respuesta a esta pregunta dependerá sin duda del uso que hagamos de Twitter y de nuestras circunstancias específicas. Aquellos con un uso estrictamente personal lo tiene fácil: siempre que les dé la gana y sin tener que dar explicaciones a nadie al respecto. El colectivo de los famosos – por otra parte – se verá obligado en muchas ocasiones a bloquear con más asiduidad que el común de los mortales porque atraerán a trolls y a otros indeseables que se dedicarán a veces industrialmente a martirizarles en Twitter.

La situación se complica un tanto para aquellos que utilizamos Twitter para conseguir objetivos, ya que nuestro criterio es diferente. Como norma general, no tendremos inconveniente en bloquear las cuentas de aquellos que nos espameen, que difundan mentiras sobre nosotros, que nos insulten o que sin motivo aparente nos vilipendien, así como las de trolls, sectarios y aquellos que más allá de la crítica legítima de nuestra marca y de nuestro trabajo se ceben con nosotros sin más deseo que el de hacernos daño. De hecho, el bloqueo suele hacer que una parte importante de los recién listados desistan y busquen otro objetivo para sus dardos envenenados.

Es por ello triste que haya quien desaconseje el bloqueo en todas las ocasiones y circunstancias. El tener que sufrir los excesos de algunos mina nuestra paciencia y determinación y hace que Twitter se convierta en un campo de batalla y un lugar de desánimo en vez de en un espacio de libertad, de amistad y de cooperación en el que todos podamos expresarnos libremente y no nos tengamos que enfrentar sin razón ni motivo a indeseables. Y digo ‘sin motivo’ – ¡atención! – porque doy por sentado que no estamos expresándonos de una forma provocadora o insultante que atraiga negatividad.

Por último, en mi experiencia personal (como botón de muestra, mi tasa de bloqueo es aproximadamente de 1/1000) mi pequeña ‘lista negra’ de bloqueados ha sido siempre superada con creces por el de personas encantadoras con las que podemos discrepar y lo haremos sin duda; pero desde la cordialidad, el respeto mutuo y el deseo de que nunca una diferencia de criterio, estilo, preferencia política o futbolística u opinión sobre cualquier tópico o tema sea nada más que eso. Es interactuando de esa manera en Twitter como conseguiremos que algún día – en un futuro esperemos no muy lejano – el arco iris luzca efectivamente en todo su esplendor cuando nos asomemos por la ventana.

Sobre el Autor

Especialista en comunicación y marketing online y marca personal. Profesor de los Másters en Social Media y Community Manager de la Universidad Complutense y de la UNED y de la Escuela Universitaria del Real Madrid. Consultor en 'Soyunamarca'. Autor de 'De Twitter al cielo'. Aprendo, opino y comparto.