Cómo y por qué decir ‘no’ a tus contactos profesionales en Facebook


Al igual que Isabel Pantoja, ‘hoy quiero confesar’: Facebook es una de las redes sociales de las que más disfruto y a la vez que más quebraderos de cabeza me ha causado. ¿La razón? El eterno debate y las presiones a las que uno se ve sometido para seguir la en ocasiones peligrosa práctica de admitir a sus contactos profesionales como ‘Amigos’. Una práctica que, dependiendo de cuál sea nuestro estilo de interacción, el nivel de privacidad y de intimidad que queramos en nuestra cuenta y los indudables riesgos a los que nos puede exponer, resulta a todas luces desaconsejable.

Vayamos por partes. Lo he dicho en varias ocasiones y lo repito aquí: cada uno de nosotros tiene perfecto derecho a gestionar sus cuentas privadas en redes sociales como mejor le parezca. Debemos en ese sentido resistir activamente los intentos de los ‘gurús’ prescriptivos por imponernos sus modelos. Otra cosa bien diferente es aquellas que tienen un marcado carácter profesional. Teniendo como tengo dos ‘fanpage’ en Facebook (una dedicada a la reputación online y otra al marketing de atracción) ese obviamente no es mi caso. Al igual que muchos, mi intención es y ha sido siempre el que Facebook fuera un canal en el que pudiera expresar mis sentimientos y opiniones de forma libre y sincera: algo que resulta difícil y hasta peligroso cuando tu grupo de amigos en tu cuenta privada está poblada de clientes, compañeros de trabajo, referentes y otros.

Todo empieza por saber decir ‘no’ de la forma adecuada cuando se reciben invitaciones. Imagínate la escena: doy una conferencia o imparto un curso en una ciudad de España o Latinoamérica y al regresar al hotel me encuentro con decenas de invitaciones de personas que apenas me conocen y con las que probablemente tengo poco o nada en común (¡además del interés por los social media que ya es algo!). De entre ellas habrá sin duda un número que la intuición me dice podrían terminar siendo amigos/as ‘de verdad’ y a los que querré aceptar, pero no así el resto. ¿Qué hacer?

Imagen: Flickr

Y es que la experiencia demuestra que el admitir de forma más o menos discriminada a contactos profesionales en Facebook genera casi siempre los siguientes cuatro problemas:

- Riesgo de autocensura: uno no siempre quiere que sus clientes potenciales sepan que se encuentra mal por razones físicas, psicológicas o del orden que fuera por motivos obvios

- El que Facebook se desvirtue y se convierta en un canal para dudas, preguntas y consultas profesionales en vez de un espacio para disfrutar y compartir con los que importan (lo he sufrido al igual que muchos y doy fe de que no mola)

- El espameo más o menos frecuente en nuestros muros de aquellos para los que Facebook es tan sólo otro canal para publicitarse y contarnos qué maravillosos son ellos y sus proyectos (algunos siguen sin entender que para eso están las ‘fanpage’)

- La disminución de la privacidad: ¿cuántos rumores circulan por nuestras oficinas divulgados por nuestros colegas que han sido posteados con carácter más o menos privado en Facebook?

A pesar del hecho de que estas poderosas razones sean válidas en sí mismas y de que nos reservemos el derecho de admisión, no cabe duda de que un ‘no’ sin miramientos a una solicitud de amistad puede ser interpretado como un rechazo personal y una muestra de antipatía por parte de aquellos que han hecho el esfuerzo de buscar nuestra cuenta e intentado conectar con nosotros. Por ello y otros muchos motivos que podríamos añadir, es conveniente el disponer de un mensaje más o menos estandarizado en el que indicar nuestra posición de la forma más objetiva y sensible posible y a la vez ofreciendo alternativas, como el que se muestra a continuación:

Muchas gracias por tu invitación. Mi cuenta privada en Facebook es un espacio para mi círculo más íntimo y familiar y por eso te invito a seguirme o bien en mis páginas profesionales o en mi cuenta de Twitter. Estaré feliz de poder interactuar contigo desde esas plataformas

Existen compañeros para los que tengo todo el respeto del mundo que han tomado la decisión de que su cuenta privada de Facebook sea un canal de marca personal y de promoción profesional más. El precio que pagan por ello es el no poder ser sí mismos en el sentido pleno del término, expresar sus sentimientos e inquietudes y compartir lo que de verdad les importa con libertad. Y eso precisamente – nuestra libertad – es lo último que algunos estamos dispuestos a perder. Te animo desde esa misma libertad a configurar una cuenta de Facebook que responda a tu personalidad e idiosincrasia y en la que puedas ser feliz. Lo demás no importa.

Sobre el Autor

Especialista en comunicación y marketing online y marca personal. Profesor de los Másters en Social Media y Community Manager de la Universidad Complutense y de la UNED y de la Escuela Universitaria del Real Madrid. Consultor en 'Soyunamarca'. Autor de 'De Twitter al cielo'. Aprendo, opino y comparto.